6 meses hace que salí de mi casa, de viaje a Costa Rica y “por ahí”. No muy lejos, porque para el 29 de junio tengo el pasaje de vuelta ¿Qué loco, no? 6 meses van. Y ahora estoy en Cusco, más cerca de casa que de donde salí, más contradicciones. Pero que mejor aprendizaje que toda esa libertad. Libertad de todo. Desde poder decidir dónde quiero estar la semana que viene, hasta con qué personas voy a compartir momentos.
Al principio no es fácil esa sensación (más para una persona ansiosa), pero de a poco uno se va calmando y entiende que los objetivos a largo plazo son los mejores logros. Y cada lugar termina marcándote por eso. En Costa Rica aprendí a viajar. A agarrar el Google Maps y decir, “bueno, tengo este lugar que queda acá, y este otro en la otra punta, ¿Para dónde vamos Facu?”, y después de una dura negociación, en ese mismo momento, empieza el “¿Bueno, y cómo?”. Siempre se llega, a dedo, regateando el precio del bus, viajando en micros urbanos, no importa, se llega.
En Panamá, mi segundo país, aprendí a dejar de pensar en cuánto tiempo faltaba para esos “3 meses”, y disfrutar más lo que estaba pasando. En síntesis, me relajé. Ya sólo, corto de plata y con ganas de ir a encontrarme con un amigo en Colombia, empecé a moverme para generar ingresos. Eso significa trabajar de manera fija en alguna empresa. Pero eso me aburre, a mi me gusta tener más tiempo libre.

Justo, por esas cosas de la vida, el dueño de un hostel estaba buscando una página web y yo estaba parado delante de él. Joya, a cambio de un mes de hospedaje, encima en Bocas del Toro, paraíso. Pienso igual que no fue tanto el intercambio lo que me sirvió, sino empezar a valorar lo que hacía, y darme cuenta que con eso podía cumplir mi objetivo principal, que era poder mezclar la mayor cantidad de tiempo el trabajo con el ocio.

Cartagena ya se vino más filosófico. En esos 3 meses (irónicamente, lo que tendría que haber durado mi viaje) aprendí banda de cosas. Una de las cosas, a convivir. Ya ahí, dejé un poco de lado esa obsesión del trabajo online y trabajaba en el hostel, compartiendo todo el tiempo todo con muchas personas. Y obvio, tanto ellos como yo, con sus mambos, su carácter, sus errores y sus virtudes teníamos que vernos la cara todo el tiempo. Fue un choque entender que no todo es como uno quiere. Pero por otro lado, entendí que el progreso estaba en ver en las personas, siempre algo para enseñarte. Desde su lado bueno o malo, no importa, no es lo que ellos piensan en dejarte, sino lo que vos tomes de ellos. imaginate si desde este momento podes rescatar algo positivo cada persona que te rodea, en un tiempo serías una especie de Super Sayayin.

Por último, al día de hoy, está Cusco. Voy 2 meses y el otro día pensaba, ¿En qué mejoré desde que llegué a Cusco? Bueno, mil cosas. Una de esas, valorar más lo que me rodea, lo que tengo, todo. Levantar un poco más la cabeza para ver lo que hay alrededor, y no lo digo en forma metafórica.
¿Cuándo empecé a sentir eso? Bueno, en este lugar, por un lado, por necesidad de plata y por el otro, falta de iniciativa. Decidí entrar a trabajar en una empresa. Al lado mío, una ventana apuntaba justo a la punta de un cerro, y yo como un boludo, ahí, mirando detrás del vidrio, perdiendo libertad cambio de “seguridad”.
Pelotudo, ¿Todavía no te diste cuenta que te gusta la libertad más que la plata? Bueno, se ve que no lo había entendido hasta ese momento. Así que abrí los ojos, miré a mi alrededor y renuncié.

Hoy en día no sólo estoy enfocado a lo que es páginas web, sino que intento especializarme, siguiendo cursos, viendo tutoriales y demás cosas, porque pienso que, por suerte, encontré el camino para conseguir ese objetivo que en realidad hasta ahora vine a buscar.

No me voy a cansar de decirlo, hacer del trabajo un momento de ocio, porque los momentos son únicos, y no quiero pasar tanto tiempo de mi vida desperdiciándolos.

Gracias por leer! 

Alan Doorman González - Diseñador multimedial Buenos Aires, Argentina +54 11 64504922 info@alandoorman.me