Copacabana, Bolivia

En sólo dos horas en bus desde Bolivia, llegamos a la ciudad fronteriza de Copacabana. Como dije anteriormente, es una ciudad soñada. Quizá sea por el hecho de ser una península ubicada en el lago Titicaca (el lago navegable más alto del mundo, cuya elevación varía entre los 3800 y 4100 msnm).

El clima no suele acompañar, el frío procedente de las alturas por momentos cala los huesos. Las tormentas son moneda corriente, y el viento te avisa que no te atrevas a colgar tu ropa húmeda en el balcón del hostel.
Pero la magia de Copacabana se ve reflejada en la buena predisposición que tiene la gente para con los turistas (cosa que no solemos apreciar en el resto de Bolivia), en los adornos que penden en todas las tiendas, lo bello de ir a tomar un té al caer del sol, y el buen disfrute de una trucha en todas sus variantes de cocción recién pescada del lago, o una buena pizza en los infinitos restauranes atendidos por argentinos de los que cuenta la ciudad.

Por supuesto, si ya tienen planificado algún itinerario de viaje, sabrán que ninguna visita a Copacabana está completa sin zarpar en una lancha hacia la mítica Isla del Sol (después tenemos tours mas baratos o mas costosos hacia Isla de la Luna, Islas Flotantes, etcétera).

Lamentablemente, mi perspectiva de la Isla no fue la mejor, aunque sé de colegas viajeros que han vivido sus mejores experiencias de ruta allí.

Al desembarcar, me encontré con un sujeto el cual me exigía 15$BOL solamente por pisar tierra en “Su” Isla. Al responderle que no contaba con ese dinero ya que lo tenía exclusivamente dedicado al transporte de vuelta a tierra firme , éste me contestó que estaba bien, pero si me encontraba por la Zona Norte estaba “Fregado”.
Como si ésto fuese poco, creí que mi gozo habia comenzado al plantar carpa con mi compañero en la mismísima Zona Norte y encontrarnos con un radiante sol isleño el cual poco duró.

Al caer el sol, el clima se tornó tan frío como la Patagonia Argentina, y para peor de males, se desató una tormenta la cual hizo que nuestra pobre carpa pereciera y todas nuestras pertenencias (también nosotros, dicho sea de paso), sufrieran un baño de agua helada el cual nos causó un resfriado el cual nos acompañó hasta tierra firme el día siguiente.

Retornando a Copacabana, nos quedamos algunos días más ya que la ciudad nos había cautivado con sus luces, su puerto lleno de veleros y pesqueros, su abundante y deliciosa comida, sus subidas y bajadas y su alegre pero tranquilo estilo de vida.

Pasados unos cinco días en éste maravilloso paraíso boliviano, decidímos abandonar el país llevandonos extraños, pero bellísimos recuerdos de éste lugar con una hermosura natural y alucinante digna de la película Avatar, pero lamentablemente castigado por los saqueos, las guerras, la corrpución, los golpes de Estado y las malas gestiones.